La finalidad de cualquier terrariófilo es la reproducción de los animales a los que con tanta pasión se dedica. La reproducción en cautividad permite reducir la extinción de animales salvajes de los ambientes naturales y obtener sujetos ya adaptados a la vida en un terrario, menos estresados, desprovistos de parásitos y, como consecuencia, generalmente más longevos y, por estas razones, particularmente buscados y apreciados por los amantes de este tipo de animales.

La mayoría de las especies de gecos que pueden encontrarse en el mercado son bastante fáciles de reproducir: basta con disponer de una pareja o de un pequeño grupo compuesto por un macho y dos o tres hembras sanas, preferiblemente nacidas en cautividad, correctamente tratadas y bien adaptadas a la vida en un terrario (para no correr el riesgo de comprometer la salud de las hembras embarazadas durante el delicado periodo de producción de los huevos).

 

 

 

Al iniciar

Antes de iniciar la reproducción es aconsejable llevar las hembras a un veterinario experto para someterlas a una revisión o,por lo menos, para que analice las heces con el propósito de saber si tienen parásitos gastrointestinales.

Los mejores resultados se obtendrán siempre con hembras adultas y que preferiblemente hayan nacido en cautividad, recuperadas de enfermedades que pudieran padecer en un pasado y sin parásitos, tanto externos como internos, así como bien cuidadas y alimentadas durante el periodo precedente al acoplamiento y la gestación. Una hembra de geco recién importada y gestante corre un grave peligro, hasta el punto de que puede, incluso, morir o dar a luz pequeños deformes y poco vitales.

 

Oviparidad, Ovoviviparidad Y Partenogenesis

Los gecos pueden ser ovíparos (casi todas las especies lo son) y ovovivíparos (algunos gecos de la subfamilia de los Diplodactylus pertenecientes a los géneros Naultinus y Hoplodactylus de Nueva Zelanda y la especie, particularmente buscada por los amantes de los gecos del mundo entero, Rhacodactylus trachyrhynchus de Nueva Caledonia). No obstante, algunas poblaciones salvajes de pequeños gecónidos asiáticos y de las islas del océano Pacífico meridional (Hemidactylus garnotii, Hemidactylus vietnamensis, Hemiphyllodactylus typus, Lepydactylus lugubris y Nactus pelagicus) se reproducen también por partenogénesis.

Los gecos ovíparos, si son terrícolas, depositan los huevos directamente en el terreno o en un agujero excavado por la hembra; si son arborícolas o rupícolas, los «adhieren» a la corteza de los árboles o a las hendiduras de las rocas o de las paredes. Los ovovivíparos incuban los huevos en el interior de la madre, que da a luz alos pequeños, a menudo uno solo, que son en todo parecidos ya a los adultos y están dispuestos a capturar pequeños invertebrados.

 

Partenogenesis

Por último, los gecos que se reproducen también por partenogénesis ponen huevos fértiles, sin ningún acopla-
miento precedente, dando vida a ejemplares de sexo femenino idéntico a la madre.

La ovoviviparidad en los saurios está generalmente relacionada con la presencia de condiciones ambientales poco favorables a una incubación natural y que varían continuamente, como sucede, por ejemplo, con los camaleones que viven en algunas áreas de montaña africanas donde las condiciones climáticas cambian de forma repentina. Esto podría valer también para las especies de gecos de los géneros Naultinus y Hoplodactylus de Nueva Zelanda, región caracterizada por un clima templado y húmedo, parecido al inglés, con inviernos fríos, especialmente en la isla del Sur, donde viven abundantes gecos de ese tipo, pero es menos comprensible para el geco de Nueva Caledonia, isla donde habitan otra veintena de especies, todas ellas ovíparas.

Por último, la reproducción partogenética se da en muchos invertebrados y en poquísimos vertebrados, entre ellos las especies de gecos antes citadas.

También en este caso, las condiciones ambientales de la incubación de los huevos tienen su importancia: en algunas estaciones, las temperaturas poco elevadas favorecen, de hecho, el nacimiento de muchas hembras y poquísimos machos, determinando de este modo el fenómeno de la partenogénesis, que consiste en la deposición de huevos fértiles sin acoplamiento (existen poblaciones isleñas de gecos constituidas casi exclusivamente por hembras).

 

El cortejo y el acoplamiento

Los gecos arborícolas cortejan a las hembras, como hacen otros lagartos, con característicos movimientos oscilatorios laterales de la cabeza y del cuerpo y con rápidos y repetidos movimientos de la cola, parecidos a temblores; muchas especies utilizan también la voz. Se acercan a su compañera agarrándola por el cuello, de manera más o menos decisiva, inmovilizándola y montándola por detrás, introduciendo entonces uno de los dos hemipenes en su cloaca durante algunos minutos. Los machos de los gecos diurnos del género Phelsuma tienden, durante el cortejo, a arquear de una forma característica la espalda, como si se dispusieran a atacar, mientras que los malgaches

Uroplatus tienen rituales más tranquilos: el macho, por lo general, no muerde a la hembra, que, si no está receptiva, tendrá la posibilidad de alejarse vocalizando y agitando la cola, lo que no sucede con la mayoría de los otros gecos arborícolas, cuyos machos continúan acosando e importunando a la compañera.

 

Gecos de Tierra

Por su parte, los gecos terrícolas tienen rituales amorosos menos aparatosos: utilizan menos la voz y mueven rítmicamente la cola en el terreno mientras se acercan a su compañera, que, si responde, moviendo a su vez la cola, significa que aprueba el acoplamiento.

Algunos gecos machos sólo se acoplan si se estimulan en un combate ritual con otros machos por la posesión de la hembra. Por este motivo, algunos criadores juntan a dos machos durante breves periodos, pero siempre bajo su atenta mirada, ya que los animales corren el riesgo de herirse o fracturarse en el combate. Otros criadores, en cambio, consiguen el mismo objetivo presentando al macho reproductor «rivales» vencidos —construidos con cartón, tela o plastilina—, de su mismo tamaño y del color de los machos de la especie en cuestión.

 

Para Favorecer La Reproducción

En estado natural, los gecos del hemisferio boreal se reproducen en primavera-verano y los del hemisferio austral, en otoño-invierno; sin embargo, en terrario, y con nuestro clima, es aconsejable provocar la reproducción en primavera-verano.

Para asegurar un mayor éxito reproductivo, es aconsejable que el interior del terrario disponga de determinadas condiciones microclimáticas para permitir a la pareja, o al pequeño grupo con fines reproductores, que lleven a cabo un periodo de hibernación: durante dos-cuatro semanas será preciso mantener la temperatura y la humedad más bajas (por lo que entonces los animales se alimentarán poco), mientras que en las cuatro semanas siguientes la temperatura deberá alcanzar el término medio y la humedad mantenerse más alta de lo normal, con el fin de imitar la estación de las lluvias, que, por lo general, anticipa o acompaña al periodo amoroso.

 

La gestación

La duración aproximada de la gestación, en los gecos ovíparos, varía de dos a cinco semanas y la hembra pone uno o dos huevos cada vez, a intervalos regulares, durante los periodos más templados del año, y preferentemente en las horas diurnas. Según la edad, puede poner también otros huevos durante un breve periodo o durante todo el año: el periodo de deposiciones para las hembras de geco leopardo, por ejemplo, oscila entre los meses de enero a octubre, con un número de deposiciones que varía entre dos (en ejemplares viejos) y catorce (en ejemplares jóvenes, sanos y en buenas condiciones de vida).

Durante la gestación, las hembras no buscan la compañía de los machos, mientras que sus compañeros intentan acoplarse de nuevo.

 

Notas Finales

Normalmente, se dejarán juntos a los reproductores durante este periodo, en el que la hembra presentará un aumento del tamaño del abdomen. En muchos gecónidos, como por ejemplo los gecos leopardos, podremos observar claramente la presencia de huevos si tomamos a la hembra delicadamente con la mano y observamos, al trasluz, el abdomen, en donde, detrás de la gran mancha oscura situada a mitad del cuerpo (el hígado), se percibirán una o dos masas redondas blancuzcas (los huevos).

En las hembras de los gecos diurnos de los géneros Gonatodes, Lygodactylus y Phel- suma será necesario instalar en el terrario una fuente emisora de rayos ultravioletas A y B —sin ningún material interpuesto como cristal, plexiglás o redes metálicas y plásticas—, por lo menos al 2 %, si bien muchos cuidadores prefieren emplear tubos fluorescentes UVA y UVB al 5 %. Antes y durante la gestación será conveniente reforzar la alimentación de las hembras con calcio y sales minerales, pulverizándolos sobre los insectos de pasto o añadiéndolos a la mezcla a base de fruta fresca o en conserva.

Algunos cuidadores aconsejan que las hembras de los gecos diurnos reproduzcan sólo cada dos años para alargar, de este modo, su vida reproductiva.

Por Dr. Elias Forest

Egresado de la UNAM en 1985, con maestría en Ciencias Veterinarias. Actualmente Jefe del Departamento de Medicina, Reproducción, Etología, Nutrición y Zoología en Tamaulipas.

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