La puesta

En la naturaleza, al final de la gestación, la hembra ovípara pondrá los huevos directamente sobre el terreno, en una zona protegida por la vegetación y por rocas y piedras (gecos del género Aeloroscalabotes, Euleptes, Geckonia, Hemytheconyx y Phelsuma); en un agujero, por lo general, poco profundo que, después de la deposición, la hembra recubrirá de tierra (gecos de los géneros Blaesodactylus, Eublepharis y Teratolepis), o entre las hendiduras de las cortezas de los árboles, de las paredes, de las rocas, de las ramas o bien bajo las hojas (gecos de los géneros Gekko, Rhacodactylus, Tarentola y otros).

 

Terrario

En el terrario, la hembra, cuando esté dispuesta para la puesta, dejará de alimentarse y buscará, después de haber inspeccionado varias veces el territorio, un lugar adecuado para ello. Por esta razón es aconsejable poner a su disposición uno o más pequeños contenedores de plástico con humus, vermiculita, turba o arena esterilizados y húmedos, pese a que la puesta pueda ser efectuada en cualquier parte, incluso en el recipiente que contiene las sales minerales o directamente sobre las paredes del terrario («adhiriendo» los huevos).

A diferencia de los saurios de las familias de los Agámidos, los Iguánidos y los Camaleónidos, que normalmente suelen poner cerca de un centenar de huevos, los de los gecos, de diferentes dimensiones (desde pocos milímetros de largo hasta algo más de 2 cm), son más bien voluminosos en relación con el tamaño de la madre, incluso los de los pequeñísimos gecos centroamericanos y caribeños del género Sphaerodactylus.

Pueden ser redondos (géneros Coleonyx, Eublepharis y Nephrurus) y, en el momento de la deposición, suaves y fácilmente deformables. Sin embargo, en cuestión de pocos minutos o pocas horas, su parte externa se solidifica y adquieren una coloración blanca lechosa o blanca marfil. Aquellos que, por el contrario, no se endurecen y se quedan de color amarillento tenderán a deshidratarse o a deformarse a lo largo de los siguientes días, se quedarán estériles y deberán ser eliminados.

 

 

Una curiosidad:

las hembras del género Phelsuma, que ponen dos huevos cada vez, los unen con las extremidades posteriores, inmediatamente después de la deposición, o los ponen incluso ya unidos.

Hay que señalar también que, a diferencia de los iguánidos, los agámidos y los camaleónidos, las hembras de los gecónidos en cautividad no producen huevos sin un acoplamiento anterior. Por lo general, la puesta de las hembras de gecos que viven solas se produce al cabo de pocas semanas en caso de adquisición de sujetos de captura que han vivido con machos adultos durante un cierto periodo (anfigonia retardada).

 

Alimentación

Y, por último, dos palabras sobre la alimentación: teniendo en cuenta que antes de la puesta las hembras no se alimentan, es conveniente que el criador les ofrezca, inmediatamente después de la puesta, varios tipos de insectos de diverso tamaño para estimularles el apetito, preferiblemente desprovistos de calcio, porque los hace menos apetecibles.

En la naturaleza, los huevos se dejan en el microclima ambiental, pese a que, en algunos casos, por ejemplo para Euleptes europaea y Rhacodactylus sarasinorum, uno de los padres se queda vigilándolos durante toda la incubación. En cautividad, para obtener un mayor número de nacimientos, los huevos deberán ser retirados rápidamente del terrario y colocados en una incubadora.

Naturalmente deberán tomarse con delicadeza, sin girarlos, y colocarse en un pequeño contenedor tapado, provisto de pequeños agujeros, que contenga vermiculita o humus húmedos o bien turba o arena esterilizadas. Si los huevos se hallan adheridos a una rama, una corteza o una piedra, es aconsejable no separarlos y meterlos, procurando no girarlos, en el contenedor de incubación con todo el material de soporte (si es demasiado voluminoso, sólo se colocará el trozo que sujete a los huevos).

Sin embargo, si los huevos están adheridos a una pared de cristal del terrario (sucede a menudo con los de Gekko gecko, Gekko ulikovskii y Gekko vittatus), es preciso dejarlos donde están, porque el riesgo de roturas es elevado. Los protegeremos con el fondo de una botella de plástico o con un pequeño contenedor de forma adecuada, oportunamente agujereados en varios puntos, y que contengan vermiculita o humus para poner en contacto con los propios huevos. Dichos contenedores deberán fijarse a la pared con cinta adhesiva, de forma que no puedan lesionar a los animales.

 

Incubadora

Los huevos colocados en la incubadora deberán mantenerse a una temperatura de entre 24 y 30 ºC. Sobre todo durante la primera semana, temperaturas de 24 y 25 ºC favorecerán el nacimiento principalmente de sujetos femeninos, temperaturas de 29 y 30 ºC, de sujetos masculinos y temperaturas intermedias, de sujetos de ambos sexos en proporciones variables.

La humedad requerida será aproximadamente del 60 % para las especies procedentes de regiones áridas y del 80 % para las demás. Dichos porcentajes pueden obtenerse preparando el sustrato de incubación con agua y vermiculita en una relación de 1:1 (una parte de agua y una de vermiculita) o de 1,5:1.

 

Naturaleza

Si, en la naturaleza, los huevos son puestos en agujeros de tierra, es aconsejable incubarlos bien, hundiéndolos en el sustrato de incubación y resguardándolos de la luz; para los demás, bastará simplemente con apoyarlos sobre el sustrato. De cualquier modo, es preciso tenerlos constantemente vigilados durante los días siguientes a la deposición para controlar que no se enmohezcan, se amarilleen o se deshidraten, deformándose (casi todos ellos son síntomas de huevos no fértiles).

Los tiempos de incubación, que son muy variables, oscilarán generalmente entre las seis y las doce semanas, pudiendo alcanzar, incluso, las veinticuatro semanas en los gecos del género Gekko.

En el momento de la eclosión, el pequeño geco, después de haber roto la cáscara con la ayuda de una pequeña estructura córnea situada en el rostro, denominada diente del huevo, podrá permanecer todavía en su interior durante algunas horas, para recuperar las fuerzas y reabsorber los residuos del saco vitelino.

Muchos criadores sostienen que el mayor número de eclosiones de gecos, pero también de reptiles ovíparos coincide con los periodos de luna menguante, justo después del plenilunio.

Por Dr. Elias Forest

Egresado de la UNAM en 1985, con maestría en Ciencias Veterinarias. Actualmente Jefe del Departamento de Medicina, Reproducción, Etología, Nutrición y Zoología en Tamaulipas.

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